El fracasado, como hombre apenado y quejicoso, gusta de regodearse en su mierda. Incluso, en la mierda de los demás cuando es superior a la suya, siempre y cuando le permitan emitir comparaciones, hipérboles, ironías y chascarrillos. El fracasado es consciente de sus limitaciones, pero no tiende a ver sus posibilidades. No sabe, que tiene mucho que ofrecer, pero le falta ese carisma arrebatador del triunfador para ser el rey de la creación.
Si bien, la vida es una mierda, y tiende a tratarte a patadas, muchas veces la solución se encuentra en uno mismo, como dicen esas películas malas de Kung Fu. Nunca debemos pensar que porque los demás sean una marabunta de gilipollas, nosotros no formemos parte. Es más si luchas contra esa manada, lo único que conseguirás es ser un gilipollas con más pelotas que los demás, pero gilipollas al fin y al cabo.
Y es que el infierno son los demás. Con lo bien que vivo con mis rarezas en mi selva particular, porque debo socializar hacia un mundo que no me comprende. Supongo que por eso que decía Aristóteles de que el hombre es un "animal social". El ostracismo y la falta de confianza sólo nos llevan por un camino de miseria y paranoia. Así que en el fondo, como todos nos sabemos perfectamente la teoría, el fracasado tiende a socializar con los de su especie, buscando la esperanza de que al final le comprendan.
Las mujeres, ese gran desconocido, no son horribles, ni putas, ni muchas cosas que he oído a lo largo de la vida, ante episodios de frustración por no conseguir lo que se quiere. Quizá como mecanismo de defensa, sea un garante de nuestra cordura, pero remitiéndome a mis anteriores párrafos, no son más que gilipollas buscando un sitio donde ubicarse. Seres perdidos, intentando encontrase a si mismas, generalmente con más valor que cualquier hombre, pero con más cabeza para no ir a que te peguen un tiro a la puta conchinchina (Aunque haberlas, hailas).
Las generalizaciones son a priori estúpidas, a menos que sea sobre mi teoría de que todos somos gilipollas buscando esa puta silla donde sentarnos. Muchos mientras buscamos, escribimos y desbarramos de como encontrar esa silla, y la frustración que produce que no te la pongan en frente de tu cara.
No creo que dilapidar insultos hacia un género, en un ejercicio de misoginia, revele una verdad clara. Si bien, las relaciones de pareja son epopeyas a la frustración, no sé puede considerar que ellas sean culpables de los males del fracasado.
Si bien, la vida es una mierda, y tiende a tratarte a patadas, muchas veces la solución se encuentra en uno mismo, como dicen esas películas malas de Kung Fu. Nunca debemos pensar que porque los demás sean una marabunta de gilipollas, nosotros no formemos parte. Es más si luchas contra esa manada, lo único que conseguirás es ser un gilipollas con más pelotas que los demás, pero gilipollas al fin y al cabo.
Y es que el infierno son los demás. Con lo bien que vivo con mis rarezas en mi selva particular, porque debo socializar hacia un mundo que no me comprende. Supongo que por eso que decía Aristóteles de que el hombre es un "animal social". El ostracismo y la falta de confianza sólo nos llevan por un camino de miseria y paranoia. Así que en el fondo, como todos nos sabemos perfectamente la teoría, el fracasado tiende a socializar con los de su especie, buscando la esperanza de que al final le comprendan.
Las mujeres, ese gran desconocido, no son horribles, ni putas, ni muchas cosas que he oído a lo largo de la vida, ante episodios de frustración por no conseguir lo que se quiere. Quizá como mecanismo de defensa, sea un garante de nuestra cordura, pero remitiéndome a mis anteriores párrafos, no son más que gilipollas buscando un sitio donde ubicarse. Seres perdidos, intentando encontrase a si mismas, generalmente con más valor que cualquier hombre, pero con más cabeza para no ir a que te peguen un tiro a la puta conchinchina (Aunque haberlas, hailas).
Las generalizaciones son a priori estúpidas, a menos que sea sobre mi teoría de que todos somos gilipollas buscando esa puta silla donde sentarnos. Muchos mientras buscamos, escribimos y desbarramos de como encontrar esa silla, y la frustración que produce que no te la pongan en frente de tu cara.
No creo que dilapidar insultos hacia un género, en un ejercicio de misoginia, revele una verdad clara. Si bien, las relaciones de pareja son epopeyas a la frustración, no sé puede considerar que ellas sean culpables de los males del fracasado.

1 comentario:
Córtese ya el pelo. Es lo que una tía haría en su misma situación. O teñirse de rubia, para luego arrependirse y reteñirse de morena y cagarse en los putos tíos de mierda que son todos iguales.. Usted no se tiña, tan sólo córtese el pelo.
Besos
Publicar un comentario