Entró en la habitación de forma lenta y pausada. Mirada desafiante, decisión en el paso. Durante unos momentos la tensión se cortaba con cuchillo. El silencio quedo destrozado con un tiro del viejo Mauser del ejército alemán que le había regalado su abuelo.

- Soy Álvaro de Mendoza, y vengo a recuperar lo que es mio.

Sentado, el caracol, lo miró y pensó. Se levanto de repente y sin mirar a los ojos a su oponente salió de aquella habitación sin realizar ningún aspaviento.

Don Álvaro se sentó, dando gracias de que todo hubiera salido a la perfección. Nunca pensó que aquello sería tan fácil. Había recuperado su cortijo y ahora se disponía a adecentarlo de toda aquella morralla.