
Bien, es difícil empezar un discurso coherente tras tanto tiempo sin escribir en el blog. Suelo acabar todo lo que empiezo, pero a veces la desidia me vence y la ociosidad se torna común en mi vida, apartando de mi ser todo elemento que implique razonamiento. Creo que por eso veo la televisión últimamente, supongo que ya estoy harto de lucha contra la Matrix, y he dejado que el sistema me adule, en una perfecta simbiosis de "Yo te ofrezco, pero tú me mantienes".
Quizá sea el paso de los años, quizá mi falta de esperanza en el ser humano. O lo que es peor, la falta de fe en mi mismo. No digo nada nuevo, al igual que no hay nada bajo el solo que no haya sido repetido en cadenas de montaje chinas. No me puedo considerar un intelecto superior por haber leído a Baudrillard, Sartre, o Lehninger y saber que el único que escribió una verdad absoluta fué éste último. Pero, que más da, seguro que un cani de medio pelo también se hará estas preguntas y se encontrará las mismas respuestas. Ninguna.
Estoy tan abatido, que hasta reciclo post que deje hace tiempo a la mitad. Es una lástima, pero es una labor de reciclaje envidiable. Volver a darle un sentido a ideas ya caducas, por el hecho de no trabajar e implementar la ley del mínimo esfuerzo. Que esto es un post de relleno, y sin sentido. Claro, que si, no lo dudes. El talento, es lo que tiene, que se tiene o no se tiene. Y yo, visto lo visto, lo tengo cuando voy ebrio. Quizá tenga que volver a esos gin tonics para desayunar, esas media tardes con anis, y esas noches con Brugal Cola.
Lamentablemente, me hago viejo. Y prefiero resultar insulso, a ser un jodido borracho. Nunca llegaré a Kerouak, así que, que más da. Bah, tampoco llegó al verano del amor en buen estado, así que... No sé que decir, que cojones. Da igual, si en el fondo esto, son escritos lamentables, la venta de una intimidad, por una popularidad estúpida, un deseo de llegar sin alcanzar a ver, de bajar al Argos como Tifis y no llegar a dominar el propio timón de mi vida.
Un paupérrimo ejercicio a caballo entre la autocrítica y la autocompasión. Una cadena de párrafos hilados, sin contexto, ni forma, ni energía, ni nada. A veces, me pregunto porque hago esto. Siempre obtengo la respuesta, es obvia, merecedora de premio. Un sin sentido más en mi vida. Que más da, si al final, la última decisión no la tomas tú mismo. ¿Caja de pino o de haya?. Chaval, el pino es muy feo y es de pobres. Tira de haya, y así al final siempre te puedes hacer una mesa con un poco de práctica montando muebles del Ikea.
Ya sé, ya sé, nadie se quiere morir, que la vida es muy corta y la mitad de ella te la pasas pensando en que "lo del muerto al hoyo", lo tienes claro; pero "lo del bollo", no lo acabas de entender. ¡Oh, gran sistema!, ¡Oh, Gran Hermano! ofrecerme algo por lo que merezca la pena seguir deseando el bollo. [Lamentablemente, casi siempre ofrece una cosa llamada Televisor. En el fondo la Esteban, no está tan mal. Estulticia para todos a precio de caviar. El mundo nunca dejará de sorprenderme.]
¡Quiero la pastilla azul! ¡Quiero vivir en la ignominia! ¡Quiero una Jenny, ligar con las camareras del Budha y que mayor problema sea no encontrar un agujero!
Posdata: Cuando el corrector ortográfico de Blogger no entiende la palabra razonamiento, y presupone que la has escrito mal, es que hay un serio problema.