
Ten cuidado que se te cae el tirante del vestido, por cierto que vestido más bonito, pero no te da cuenta, que tienes el tirante caído, y que no puedo de dejar de hacer el camino entre tu codo hasta tu cuello sin que nada me lo impida. Así no puedo trabajar, o te lo subes o se acabo, pero que digo, mira que piel más suave, lo que daría por tocar esos hombros, tocar no, besar mejor, y con ello me acerco al cuello, pero que narices digo, despierta coño; y nada que sigue sin subirse el hombro, ya está bien, luego dirán que la productividad es baja, pues no es culpa mía, claro si me ponen obstáculos y me hacen andar por ese camino tan suave, moreno, que brilla tanto y que …, pero que dices, ya estamos, y ella, ale, seguimos con el tirantito de las narices caído, que espalda, si lo deja todo libre, no hay obstáculos tengo toda la llanura para mi, ya está bien o se lo sube o monto la de San Quintín; en resumen que aquí dejo de escribir porque me tengo que ir a dar una vuelta.
¿Se lo habrá subido cuando vuelva? No, le gusta hacerme sufrir.
