Como prometí, y teniendo en cuenta la producción de mis compañeros de blog, escribo y transcribo recuerdos antes de que se borren de la memoria. Tampoco deseo que me sepulten con textos sobre magas, club de serpientes o realismo mágico.
...Como ya sabía el principio de la noche, había sido sólo eso, un principio, un calentamiento ante lo que se avecinaba más tarde. Estas pretenciosas reuniones de machos sobrehormonados es lo que tienen, son previsibles y cansinas como ellas solas. Así que una vez terminada la presentación de la noche, nos dirigimos hacia la brutalidad más absoluta.
Salimos del local, y de manera "fortuita" nos encontramos con caballero de pendiente, chupa ajada de cuero y acento extranjero que nos invitaba a los frutos de la carne, por sólo 13 euros la copa. Que decir, el sueño de cualquier putero con suerte. Siguiendo el baldosas amarillas, y encalandose la nariz para recobrar las fuerzas perdidas, llegamos a algo que simulaba ser el haren califal de Damasco, y no llega a burdel de tercera.
El planteamiento, la situación y mi estado eran totalmente lamentables. Para que negarlo, aquellas pobres mujeres me daban más miedo que alegría. El local inculcaba en los presentes una sensación de inestabilidad, de curiosidad, pero sobre todo de impaciencia. Excepto para los experimentados y aguerridos valientes, que ya sabían más de lo que vale el cuarto trasero que las tablas de multiplicar.
Yo me quede a refugio de la manada. Tampoco tenía que intercambiar nada con ellas. Más bien me daban lástima y pena. No obstante y a pesar de la cara de bobalicón que tendría en aquel momento una de ellas, se nos acerco, a otro y a mi, y nos dijo en acento extranejro y sin emoción:
- Estoy muy nerviosa.
Á lo que contestamos con estupefacción: ¿Sí? ¿Por Qué?
-Porque con unos chicos tan guapos por aquí se me ocurren un montón de cosas que hacer.
Sus palabras destialaban cinismo, un cinismo que era su fuente de ingresos. Sumisión absoluta , dignidad perdida, cama caliente y estómago lleno. Las sensaciones en ese momento son inenarrables. Es el momento en que descubres que en esa noche ya nada importa, tus amigos están negociando la dignidad de una persona por cuatro perras, y tú lo único que sienteses que estás fuera de sitio.
Por suerte, y por lo menos para mí, los precios no son del gusto de la compañia, que unido a la sensación de inquietud provocada por la cocaina, ofrece soluciones tajantes, agrasivas y reveladoras. Así que, a la respuesta de 150 euros el polvo, uno de los negociadores levanto bandera, cerró campamento y nos fuimos de allí.
A partir de entonces nos movimos por la ciudad, haciendo méritos para llegar más pronto y más rápido a la total brutalidad. Pero eso es harina de otro costal. Y como decían en el 1, 2, 3, hasta aquí puedo leer...


