Cartas en colores nacionalsocialistas con membrete de ciudad del norte se arremolinan sobre el escritorio, porno sucio y barato de a cuarto de peseta el kilo se presenta en la pantalla del ordenador y una pequeña luz al final del túnel se vislumbra tirando del propio ser a través de un mensaje corto pidiendo perdón, pero rematando con no. Una sociedad rápida en acción, de difícil compresión y sobradamente superficial en muchos aspectos se estilan en derredor. Si la mañana avanza bien, con la dopamina resultante de las pequeñas experiencias es suficiente, sino; un poco de cafeína con taurina, si, de esa que sale de los testículos de toro, como decía aquélla. El tiempo pasa, y el recuerdo se diluye, trasluce y se disipa en la inmensidad del infinito de una cuarta dimensión que tú no ves, pero verás si aprendes a leer entre líneas.
Textos cargados, rebuscados e incomprensibles. Es necesaria tanta retórica para expresar la falta de talento y el exceso de ímpetu. Quizá se trate de demostrar un autoengaño para ser apetecible a unos muslos terminados en rojo y mente en blanco deseando absorver como esponja, cuanta hispanoamérica venga en pastillas efervescentes de 40 líneas. Crueldad, si, quizá, el diablo no brinda por nosotros, nunca seremos sus favoritos. Hijos de puta de medio pelo, buscando dar un palo, pero con la única experiencia de un guión de "Atraco a las tres". Película de Berlanga sin presupuesto, pero con muchas ideas, viendo como se pasa la vida, y sabiendo que merecemos ser triunfadores...simplemente...por justicia divina.
Que bien se ve la escena desde el patio de butacas, la acción discurre ante un impávido público. Lo único que se pide es aplaudir al final, pero sinceramente la obra es mala, lenta, larga y aburrida. Sólo merece la pena en ciertos momentos, en los que el guionista decidió dar una bocanada de aire a la obra, para que el público no decidiera marcharse y mandarlo todo a tomar por culo.
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